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Según el científico Eduard Punset, el cerebro no distingue entre dolor físico y emocional. Por eso, los males del alma también pueden traducirse en trastornos reales. Descubrir qué emociones se esconden detrás de ciertas dolencias, nos permite encontrar el origen del problema y, lo más importante, abordarlo desde la raíz.

DOLOR DE CERVICALES: Quienes sufren de dolor en esta zona suelen respponder a un perfil de persona entregada, pero exigente, que soporta demasiada tensión y, a veces, se frustra porque siente que sus esfuerzos no tienen recompensa.

DOLOR EN LOS HOMBROS: El dolor en los hombros y la parte superior de la columna se asocia con una sobrecarga de responsabilidades y la dificultad para llevar a cabo las obligaciones.

DOLOR LUMBAR: Se desencadena por una exceso de preocupaciones, que puede ir acompañado de falta de confianza. Afecta a los pilares más básicos, la familia, la salud, el trabajo, la amistad, etc.

DOLOR DE CABEZA: El estrés y la necesidad de solucionar los problemas de forma racional (a través de la mente) están detrás de una gran núemro de cefaleas y migrañas.

DOLOR DE GARGANTE: Denota dificultad para expresarse con sinceridad. Para que el nudo de la garganta se deshaga, haz oír tu voz y habla abiertamente de lo que sientes.

DOLOR DE ESTÓMAGO: Se da en personas nerviosas, que desean tener las cosas bajo control y que guardan para sus adentros sus conflictos emocionales, lo que les crea cierta angustia.

GASES: Suelen aparecer cuando nos cuesta “digerir” la realidad y fluir con la vida.

ESTREÑIMIENTO CRÓNICO: Las personas con ideas rígidas y fácilmente irritables son las más proclives a este trastorno, que mejora cuando ganamos flexibilidad y optimismo.

Qué te dice tu cuerpo?

Bssos