cosquillas

 

Hola chic@s:

No hay nada más bonito que la sonrisa de un niñ@. Cuando se reíen, es una risa contajiosa que hace sonreir a los demás. Mis hijas tienen bastantes cosquillas, Lucia, la mayor, por ejemplo, no soporta que la toquen los pies, es algo que la pone super nerviosa, ni cortarle las uñas puedo, supone todo un reto, le dan muchas cosquillas y no para quieta. Carla, sin embargo, es en todo el cuerpo, da igual donde empieces a hacerle las cosquillas que ella siempre se esta riendo jajajajajja.

Las cosquillas desempeñan múltiples e importantes papeles. El más evidente, afecta al plano afectivo y emocional. El juego de las cosquillas es un juego compartido: la madre y el hijo disfrutan juntos en un clima de ternura favorable a la plenitud. Las cosquillas favorecen grandes instantes de intimidad: el intercambio de una mirada, un apretón de manos y una sonrisa compartida.

Pero las cosquillas tienen también una función en el plano físico: son unacosquillas 1 manera agradable para el niño de tomar conciencia de su cuerpo. Ello es especialmente cierto cuando los padres nombran las partes del cuerpo en las que le están haciendo cosquillas. Es lo que ocurre, sobre todo, en los juegos del tipo de la hormiguita que sube por el pie, las pierna, la tripa, etc.

Beneficios las cosquillas para los niños

Por sorprendente que parezca, las cosquillas participan en la apertura relacional. Ya en sus  primeros meses de vida, el niño descubre el placer de que lo toquen, de que unos dedos rocen su piel. Cuando el niño crece, a ese placer, la madre añade el factor sorpresa. El pequeño, que está acostumbrado al modo de actuar de su madre, se sorprende cuando ésta lo modifica: las cosquillas no llegan en el mismo momento, en el mismo lugar o al mismo ritmo. El niño se sorprende y, si se siente confiado, se ríe. Lo que crea el juego es el desfase entre lo que esperaba y lo que ha ocurrido realmente. Gracias a ello, el niño aprende a aceptar e incluso a apreciar la incertidumbre. Se puede pensar, pues, que los niños a los que se les hace cosquillas tienen más probabilidades de convertirse en adultos predispuestos a aceptar lo que no controlan y, por lo tanto, en adultos más abiertos.

¿Qué límites hay que respetar al hacer cosquillas?

Lo importante es saber quién hace las cosquillas, dónde y cuándo. Los rozamientos y los juegos con la piel son gestos íntimos que el niño solo acepta si proceden de personas de su confianza. Lo mismo ocurre con el lugar: el espacio cerrado de la habitación es más adecuado que la fiesta del colegio. Por último, conviene escoger bien el momento de jugar a las cosquillas: el niño tiene que estar predispuesto y no debe tener hambre, sueño o simplemente ganas de hacer cualquier otra cosa.

También hay que tener en cuenta la sensibilidad de cada uno: puede que un niño no soporte que le hagan cosquillas en las axilas o que una niña se niegue a que le rocen los pies con las yemas de los dedos. Todos tenemos una parte especialmente sensible del cuerpo en la que las cosquillas pasan de ser una delicia a ser una tortura. En todo caso, no debemos olvidar que, en cualquier terreno, el exceso es perjudicial: si el niño se excita, se cansa y no digamos ya si llora o se enfada, hay que parar. Tenemos que estar atentos.