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Un tic es un movimiento repetido, rápido e incontrolado de una parte del cuerpo. Los tics pueden ocurrir en la cara, los hombros, las manos o las piernas. Se pueden parar voluntariamente por períodos breves. Los sonidos que se hacen involuntariamente (como los de garganta) se llaman tics vocales. La mayoría de los tics son leves y apenas se notan. Sin embargo, en algunos casos son frecuentes y severos y pueden afectar muchas áreas de la vida de una persona.

Las características de los tics pueden ser muy variadas, tanto en su duración como en su complejidad. Los más habituales son:

  • Tic motor simple: se produce sólo en un grupo de músculos. Son los tics con parpadeo, guiños, muecas, movimientos de nariz, boca u ojos, elevación de hombros…
  • Tic motor complejo: se produce en más de un grupo de músculos. Son los tics de tocar objetos, dar un salto, volver a caminar los pasos, tocarse a sí mismo…
  • Tic vocal simple: tos, gruñido, grito, chasquido, aullido…
  • Tic vocal complejo: los niños repiten la última palabra o frase pronunciada por otra persona (ecolalia), repiten una misma palabra o frase reiteradamente (palilalia), pronuncian bruscamente palabras obscenas (coprolalia)…

Los tics pueden cambiar de forma, aumentar con el estrés y disminuir con tareas que requieren atención mantenida. Por lo general son primarios, es decir, no se deben a ninguna enfermedad neurológica.

Rara vez impiden hacer actividades o provocan lanzamiento de objetos, caídas… y pueden permanecer durante el sueño, pero a menudo menos intensos.

Ante la aparición de tics en los niños se debe consultar al pediatra. Le preguntará acerca de cómo son, cuándo aparecen, cuántas veces, cuánto duran, por qué se producen para así poder conocer cómo afectan al niño. Es interesante grabar los movimientos o vocalizaciones. Es conveniente valorar la asociación de otros trastornos en los que puede ser precisa la derivación al psiquiatra infanto-juvenil.

Aunque en general no hay tratamiento que los haga desaparecer, se pueden hacer cosas para que disminuyan. Para ello es recomendable no fijarse en los tics, no llamar la atención, regañar ni castigar. Se debe también dormir suficiente y evitar situaciones de estrés.

Los tics transitorios desaparecen en menos de un año y puede ser suficiente con la información y el seguimiento evolutivo. Los tics crónicos también pueden ceder espontáneamente.

Si los tics dificultan mucho la vida del niño se debe pautar tratamiento con medicamentos (habitualmente neurolépticos). Puede requerirse apoyo psicoterapéutico.

Bssos