Hola chic@s:

He encontrado este artículo muy interesante, sobre todo en mi caso, ya que mi niña Lucia sufre este síntoma. La pobrecita mía tiene que dormir con unas botas para corregir el problema de la cadera.

Son notables las diferencias que existen entre el cuerpo de un niño y el de un adulto. Un claro ejemplo, conocido por todos, es el de las fontanelas de su cabecita: esas partes del cráneo del recién nacido donde no se palpa la dureza del hueso bajo la piel porque aún no se han osificado y en lugar de hueso duro hay una especie de membrana que más tarde se hará hueso, para lo cual hay que esperar unos meses. En el caso de los niños con piernas arqueadas y pies planos ocurre algo parecido. Hay que esperar a que su cuerpo cambie, se transforme de bebé a niño y de niño a adulto para adquirir su forma final.

A lo largo del crecimiento de nuestro  hijo, hay una etapa, variable de unos niños a otros, en que caminan con la punta de los pies hacia adentro y se chocan con sus pies provocando, en ocasiones, caídas. Esta forma de andar puede obedecer a dos causas: a una torsión tibial interna, que hace que la pierna esté girada hacia adentro, o a una anteversión femoral aumentada. Hay niños a los que apenas se les nota, mientras que en otros es muy llamativo, ya que depende de cada niño.

Para que los padres podamos  descubrir si nuestro  hijo tiene un ángulo de anteversión femoral muy aumentado solo tenéis que fijaros en qué posición adopta al sentarse cuando está jugando en el suelo. Si lo hace como los escribas egipcios, es decir, con el culete apoyado en el suelo y las dos piernas hacia atrás a ambos lados, lo más seguro es que lo tenga y poco conseguiréis insistiendo para que se siente al revés, porque momentos después volverá a la posición inicial: efectivamente, se sientan así porque pueden y de la otra manera les resulta muy incómodo y hasta doloroso.

Por eso, no tiene ningún sentido intentar corregir su forma de caminar corrigiendo su postura al sentarse.  La torsión tibial interna es otra deformidad de corrección espontánea, en la que el tratamiento con férulas no tiene ninguna indicación, sobre todo cuando existe una carga genética que la determine. Realmente, la única forma de desrotar la pierna es quirúrgica, pero su indicación es excepcional y solo en casos muy seleccionados.