Hola chic@s:

Hace mucho tiempo en la lejana China vivía un hombre que aseguraba amar a los dragones…Este hombre se llamaba Glind.

Tenía dragones por toda su casa; pintados en la pared, estatuas esculpidas en el

jardín, en el interior de su casa figuras esculpidas en marfil, en jade verde…Unos parecían que estaban dormidos, otros furiosos echando humo y fuego por la boca, otros contentos…Aunque todo eran pinturas, estatuas, cuadros o figuras…

Un día el rey de los dragones, de los dragones de verdad, de carne y hueso, enterado de la pasión de este hombre, decidió visitarle. El Gran Dragón se presentó en casa de Glind y arrojo muchas, muchísimas llamas de por la boca, en señal de afecto y saludando.

Glind al ver el enorme dragón arrojando llamaradas no logró entender que eran en señal de afecto y se asustó mucho…Al ver todo esto salió corriendo y nunca volvió a su casa.

Esto demuestra que este hombrecillo en realidad no quería tanto a los dragones, ya que siento mucho miedo del Gran Dragón…Desde entonces Glind no quiso volver a saber nada de los dragones, ni en pinturas, ni en estatuas, ni en figuras…había descubierto el miedo. 🙂

Bsso