Hola chic@s:

El cuento de hoy es para enseñar a los niñ@s a no ser glotones. Me ha gustado mucho, es muy divertido el manito Enriqueto. 🙂

CUENTO:

Este era un ratoncito tímido, de pelaje negro, con dientes torcidos, de ojos bizcos, una oreja maltrecha, que se escapa de un dientazo de un gato que casi lo alcanza y se lo come.

Enriqueto se quedó huerfanito de padre y madre y creció en compañía de otros ratones que se las arreglaban para sobrevivir en un mercado de la ciudad.

El día de Nochebuena, como de costumbre tenían hambre y decidieron salir a buscar comida entre los desperdicios de los toneles que la gente iba llenando alrededor del mercado. Nuestro amigo Enriqueto como era muy hábil para detectar olores y sabores, era el jefe de la cuadrilla de buscadores, y en conclusión, era el que más y mejor comida conseguía para la familia ratonil. Esa mañana logró reunir: Trozos de jamón, Pizza, Chorizos, Nachos, platanos, pan y unas cuantas galletas navideñas.
– Oh¡¡¡¡ que placer, dijo Enriqueto,… y reuniendo a sus amigos, decidieron empezar su comida de Navidad. Ni que hablar… comieron hasta que casi reventaban sus pancitas… rechonchas y peludas.

Al filo de las 8 de la noche, ya ni se movieron en sus cuevas, de lo llenos que estaban. Sin embargo Enriqueto decidió salir a ver qué otra cosita conseguía para el postre… y saliendo a merodear… ¡¡¡PUM!!! que lo atropella un coche, y fue a parar con todo y su panzota llena, al otro lado de la carretera, bocabajo y temblando de frío, pero más que el susto, sintió que algo caliente le salía de algún lado de su cuerpo y pensó:
– Ha de ser sangre… Dios mío…me estoy muriendo… a donde iré a ir a parar: al cielo de los ratones o allí abajo ¿donde se asan?…

En esas estaba cuando ya no sintió nada más y desfalleció…. Cuando por fin abrió sus ojos, se vio rodeado de ratones vestidos de blanco, y dijo: “Entonces sí me morí y he de estar en el cielo”. De pronto uno de ellos le habló, diciendo:
– ¡Manito Enriqueto…por fin abriste tus ojos…estás vivo!!

Susto el que se llevó el ratoncito de nuestro cuento… y lo que realmente había pasado era que al ruido del rechinido de las llantas del carro, sus compañeros oyeron en su cuevita y salieron a ver que era… y vieron que el coche se había estrellado contra el tonel de basura que registraba Enriqueto, y así fue como vieron que este había quedado tendido sobre la acera. Inmediatamente se lo llevaron a su cueva, le frotaron alcohol en su pecho, le estiraron las piernas, y lo calentaron con mentol y candelas, y así entró en calor.

Enriqueto, al verse vivo, no paraba de llorar de la alegría y juró no volver a portarse mal y ser tan glotón y comilón. FIN.

Moraleja: La gula no es buena, siempre nos meterá en problemas. Come con moderación y da gracias a Dios por lo que envía a tu mesa.

Felices sueños……

Bssos